sábado, 23 de noviembre de 2019

CONGELADOR


Mis padres tenían el local del garaje alquilado a una tienda de congelados. Recuerdo volver del infantil con mi madre, pasar y saludar. A veces me daban un helado. Cuando cerró la tienda los congeladores se quedaron varios años en el garaje.

Ahí es dónde ella me metía. Recuerdo que la primera vez fue cerca de la época navideña, porque aún había polvorones. Me dijo de entrar dentro de uno de los congeladores, que ahí podríamos jugar la dos juntas. Yo tenía unos seis años por aquel entonces.

Al principio fue divertido, pero pronto se tornó la situación. Me bajó los pantalones y las braguitas y comenzó a tocarme. Yo no sabía que pasaba. Recuerdo cómo, cuando escuchaba a alguien, me decía que me callara para que no nos encontraran. A veces salía, me cerraba desde fuera y decía que estábamos jugando al escondite, que yo me había escondido. Entonces volvía a entrar y seguía haciendo lo mismo, o me subía la camiseta. En ese momento aún no me obligaba a hacerle nada a ella.

Odiaba esos congeladores. Me daban mucho miedo.

No fue la primera vez que me metía ahí.

Cuando mis padres se llevaron los congeladores, pensaba que ya había acabado. Pero ese sólo fue el principio.




1 comentario:

  1. Una vez mas los pelos de punta y un nudo en el estómago que aprieta fuerte.
    Solo con el título conseguiste ponerme nervioso

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