viernes, 16 de agosto de 2019

X/08/2019

Me hallaba en mi cama, dormida, abrazada a Pingüi, protector de mis sueños, vigía de mis miedos. 

Soñaba con la calle, los paseos, las personas. Pero no había nadie importante, nadie me esperaba, ni yo esperaba a nadie.
Mientras iba con esos pensamientos, un hombre desconocido se paró a mirarme. Me detuve a observarle y, de manera instintiva, me llevé la mano lentamente a la cabeza. 

Comencé a rascarme con mucho ímpetu. Notaba como mis uñas me arrancaban la piel del cuero cabelludo.

No podía parar. Y no lo hice. La piel comenzaba a ceder bajo mis dedos y, entre ellos, se enganchaban tiras de la dermis, cabellos y sangre. 

Levanté la cabeza, para darme cuenta de que el hombre seguía ahí, de pie, imperturbable ante mis actos. En ese momento, abrió la boca, comenzó a desencajarse la mandíbula, a desgarrarse la carne de las comisuras de los labios y a sangrar a borbotones. Se entreveían los músculos, que se rompían como hilos de coser, plegándose sobre sí mismo. 
Fue entonces cuando vislumbré un pico acompañado de unos grandes ojos rojos. Todo el cuerpo se retorcía en un baile de sudor y fluidos corporales hasta que, la presión del anfitrión pudo hacerse paso a la libertad. En el suelo, solo quedaban restos de lo que había sido aquel hombre y, sobre ellos, se encontraba Pingüi.
Fue abriendo el pico mientras se acerba a donde me hallaba. Vi con claridad los restos que me había arrancado con las manos. Entre ellos, algo carnoso. 

Mis dedos. 

Caminé hacia atrás, pero algo me había hecho resbalar. Mi propia sangre, la que emanaba aún de mis ya inexistentes dedos.

El que había sido mi amigo, se acercaba a mí y, con un ágil movimiento, me desgarró el vientre. Me había convertido en su piñata humana, donde el premio sería mis órganos y su propio festín. Entre tanto Pingüi iba devorando mi intestino grueso, mi visión fallaba. 

Y allí me dejó, inerte. Como si nunca hubiera existido.

martes, 13 de agosto de 2019

X/06/2019


El agua caliente me recubría todo el cuerpo, acariciando mi piel. Cada movimiento hacía que el fluido rebosara por el mármol de la gran bañera, cubriendo todo el suelo, rozando las patas de león de plata, cimientos de mis pensamientos, guardianes de mi fugacidad.

Mi cuerpo se siente húmedo, reconfortado por la calidez que me rodea. Me hundo, haciendo que mis cabellos susurren con mis caderas, mi torso, mis pechos y mis brazos.

El aire se termina de escapar de mis pulmones. Me dispongo a salir, pero no puedo. El agua, antes ligera y volátil, se transmuta en una pesada losa.

Comienzo a gritar, presa del pánico.
Me retuerzo y, en un intento frustrado de escapar, surge un furioso oleaje que emana de la bañera.

Mis cabellos, antes danzarines, tratan de esconderse. Penetran por todos mis orificios: boca, nariz, orejas. Los mechones se entrelazan con mis cuerdas vocales. Los sujeto con decisión, tirando con fuerza. Mi garganta se desgarra y comienza a borbotar sangre, tiñendo el agua de color granate.

Comienzo a perder la noción. El agua sustituye al aire. Mis manos se sueltan y mis ojos se cierran. Mi juicio me abandona.
Y todo se vuelve negro.

viernes, 9 de agosto de 2019

X/02/2016 - X/06/2019


Blanco. Silencio. Pavor. Melancolía. Rojo.

Encogida en el centro de la estancia.
Vacía. Blanca.

Levanto la mirada.
Pánico. Rojo.

Alzo los brazos.
Grito. Silencio.

Fluido. Sangre. Placenta. Vestido. Pesadilla.

Hallo un rastro delante mía.
Un cuerpo. Sangre.

Ojos vacíos se fijan en mí.
Placenta. Fluido.

Vestido impoluto, vientre rojizo.
Cordón venoso y arterial.
Conexión intangible, eterna.

lunes, 5 de agosto de 2019

A VECES

A veces...
...siento que te conozco,
solo para darme cuenta que es una falsa ilusión,

a veces...

...te quiero y adoro mimarte,
pero te das la vuelta y vuelvo a odiarte,

a veces...

...eres mi mejor recuerdo,
de esos días que parecían eternos,

a veces...

...no se ni cómo decirte que dejes de mirarme con esa cara,
marcada por las noches en vela de un alma descompasada,

a veces,

me dan ganas de gritarte, que pelearme y de agarrarte
con una desesperación que huele a sangre.

¡Qué necesidad tenerte en mi vida!
y que ironía descubrir que no te puedo ni pensar.

¡Qué ironía! 
mirarme en el espejo, meditar sobre mí misma,

y darme cuenta 
que la única solución que tengo
es hablar en tercera persona.


Pensamiento inconexos.


domingo, 4 de agosto de 2019

X/05/2019


Me siento incómoda. Tengo un dolor agudo en la boca.
Noto algo que comienza a salir del interior de mi colmillo izquierdo: un fino hilo rosa pálido que cada vez se hace más y más largo.
“Joder, cómo duele”, pienso.
Cojo el hilo, y procedo a tirar.

Y tirar.

Y tirar.

Y empieza a salir del interior de mi diente una bola rosácea que parte todo lo que encuentra a su paso.
Todo el mundo me mira. Intento cerrar la boca. “Espero que no se vea”, pienso.

De mis labios, la masa rebosa.

De mis labios, resbala.

De mis labios…

viernes, 2 de agosto de 2019

X/05/2019


No podía creerlo… Tenía un elefante. Pero no un elefante normal, era un micro elefante. Muy pequeñito, pero no por que fuera una cría. Era un mini elefante.

Lo cogí, y lo arropé. Lo cuidé y lo alimenté. Estaba muy contenta, y el mini elefante también. Comía sandía, manzana, incluso apio. Imagínate, apio. Mi mini elefante iba conmigo siempre, y era tan pequeñito que podía guardarlo en un bolsillo de mi abrigo.

Lo vieron mis amigas: lo cogieron, le dieron besos. Entonces pasó.

De pronto su pequeña trompita se empezó a derretir por el medio. La parte delantera comenzó a caerse, vi como cada fibra y cada músculo que la conforma se iba desgarrando hasta quedar una fina línea entre una parte y otra. Mi mini elefante comenzó a llorar, no podía barritar, aunque lo intentaba con todas sus fuerzas. No sabía lo que hacer, era imposible que le ayudara. Lo cogí e intenté pegarle la trompita, pero no podía, no se pegaba.

Mis amigas veían la escena, no paraban de reírse. De mí, de mi mini elefante.
No sabía que hacer. Así que le maté. Y lloré.

Piel

El palpitar resuena por todo mi cuerpo Mis entrañas forcejean entre ellas No saben cómo adaptarse Me dan ganas de arrancarme la piel Interca...