viernes, 2 de agosto de 2019

X/05/2019


No podía creerlo… Tenía un elefante. Pero no un elefante normal, era un micro elefante. Muy pequeñito, pero no por que fuera una cría. Era un mini elefante.

Lo cogí, y lo arropé. Lo cuidé y lo alimenté. Estaba muy contenta, y el mini elefante también. Comía sandía, manzana, incluso apio. Imagínate, apio. Mi mini elefante iba conmigo siempre, y era tan pequeñito que podía guardarlo en un bolsillo de mi abrigo.

Lo vieron mis amigas: lo cogieron, le dieron besos. Entonces pasó.

De pronto su pequeña trompita se empezó a derretir por el medio. La parte delantera comenzó a caerse, vi como cada fibra y cada músculo que la conforma se iba desgarrando hasta quedar una fina línea entre una parte y otra. Mi mini elefante comenzó a llorar, no podía barritar, aunque lo intentaba con todas sus fuerzas. No sabía lo que hacer, era imposible que le ayudara. Lo cogí e intenté pegarle la trompita, pero no podía, no se pegaba.

Mis amigas veían la escena, no paraban de reírse. De mí, de mi mini elefante.
No sabía que hacer. Así que le maté. Y lloré.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Piel

El palpitar resuena por todo mi cuerpo Mis entrañas forcejean entre ellas No saben cómo adaptarse Me dan ganas de arrancarme la piel Interca...